terça-feira, 8 de maio de 2018

Destinies of “Burning,” by Pierre Rissient

How time flies.

It was more than 20 years ago when, in Kuala Lumpur, almost by accident, I saw U-Wei bin Haji Saari’s “Kaki Bakar.” An adaptation of William Faulkner’s “Barn Burning,” rooted in Malaysian culture, entirely unexpected. The film was screened with success in Un Certain Regard, and then went on to Telluride, New Directors/New Films, Busan and quite a few other festivals.

The film ends very emotively with a long, backwards tracking shot which shows the child moving forward. We, the viewers, rediscover our innocence.  Innocence itself.
A while back, Lee Chang Dong mentioned to me that he’d like to adapt a short story by Murakami Haruki, itself based on “Barn Burning.”  I reacted with skepticism.
But from the opening shot, a sinuous reverse track, and from the opening sounds, we are plunged into the teeming life of a busy working-class district, at once close and distanced. Every moment will reveal something unexpected.
The beautifully titled “Bend of the River” is for sure more an intimate epic than a simple western. It works in much the same way as Burning. Is there anything more cherishable in a film than the moment when it breaks away from what its author seems to have intended and begins to have a life of its own, with its own impulses?
Lee Chang-dong belongs to the rare breed of humanist directors, although his work is never burdened with “messages.” Also, to my surprise, I find myself dreaming that “Burning” prefigures the reunification of Korea, restoring at long last its ancestral culture. Maybe this was the hidden ambition of directors Shin Sang-ok and Im Kwon-taek yesterday, as it might be of Lee Chang-Dong today.

Pierre Rissient (1936-2018)

 





 

segunda-feira, 30 de abril de 2018


La vuelta de mi abuela Lola
Javier Marías

Que me disculpen los memoriosos, porque sé que esto lo he contado, aunque no seguramente en esta página: mi abuela Lola era una mujer muy buena, dulce y risueña, lo cual no le impedía ser también extremadamente católica. Y recuerdo haberle oído de niño la siguiente afirmación, dirigida a mis hermanos y a mí: “A ustedes les hace mucha gracia” (era habanera), “y quizá la tenga, pero yo no voy a ver películas de Charlot porque se ha divorciado muchas veces”. Hasta hace cuatro días, este tipo de reservas pertenecían al pasado remoto. Mi abuela había nacido hacia 1890, y desde luego era muy libre de no ir a ver el cine de Chaplin por los motivos que se le antojaran, como cualquier otra persona. Lo insólito es que esta clase de argumentos extraartísticos y pacatos hayan regresado, y que los aduzcan individuos que se tienen por “modernos”, inverosímilmente de izquierdas, educados, aparentemente racionales y hasta críticos profesionales.

Leo en un artículo de Fernanda Solórzano un resumen de otro reciente de un conocido crítico cinematográfico británico, Mark Cousins, titulado “La edad del consentimiento”. Cuenta Solórzano que en él Cousins anuncia que a partir de ahora “dejará de habitar la imaginación de directores como Woody Allen y Polanski”, a los que “negará su consentimiento”. Compara ver películas de estos autores con visitar países con regímenes dictatoriales, o aún peor, con contemplar vídeos del Daesh con decapitaciones reales. “Aunque sus ficciones no muestren violencia, son imaginadas por sujetos perversos”, explica. Se deduce de esta frase que las películas que sí muestren violencia — ficticia, pero el hombre no distingue — serán aún más equiparables a los susodichos vídeos del Daesh, por lo que, me imagino, Cousins tampoco podrá ver la mayor parte del cine mundial de todos los tiempos, de Tarantino a Peckinpah a Coppola a Siegel a Ford a todos los thrillerswesterns y cintas bélicas. Lo absurdo es que no haya anunciado de inmediato, en el mismo texto, que renuncia a las salas oscuras y por lo tanto a su labor de crítico, para la que es evidente que queda incapacitado. Al contrario, entiendo que asegura, con descomunal cinismo, que su adhesión a “lo correcto” no afectará su juicio estético. Un disparate en quien se propone juzgar desde una perspectiva moralista, “edificante” y puritana. Ojo, no ya sólo las obras, sino la vida privada de sus responsables. Siempre según Solórzano, “en adelante Cousins sólo visitará la imaginación de artistas de comportamiento íntegro”.

Este Cousins es tan libre como mi abuela, y lo que haga me trae sin cuidado. Pero, claro, no es un caso aislado, ni el único primitivo que abraza esta visión retrógrada del arte. Constituye toda una corriente que amenaza no sólo el oficio de crítico, sino la libertad creadora. ¿Qué es un “comportamiento íntegro”, por otra parte? Dependerá del criterio subjetivo de cada cual. Para los cuatro ministros de nuestro Gobierno que hace poco cantaron “Soy el novio de la muerte” en una alegre concentración de encapuchados, el concepto de “integridad” será por fuerza muy distinto del mío. Y luego, ¿cómo se averigua eso? Antes de ir a ver una película — de “visitar la imaginación” de un director, como dice Cousins con imperdonable cursilería —, habrá que contratar a un detective que examine la vida entera de ese cineasta, a ver si podemos dignarnos contemplar su trabajo. En algunos casos ya sabemos algo, que nos reducirá drásticamente nuestra gama de lecturas, de sesiones de cine y de museos. Nada de “visitar” a Hitchcock ni a Picasso, de los que se cuentan abusos, ni a Kazan, que se portó mal durante la caza de brujas de McCarthy, ni a Caravaggio ni a Marlowe ni a Baretti, con homicidios a sus espaldas, ni a Welles ni a Ford, que eran despóticos en los rodajes, ni a Truffaut, que cambió mucho de mujeres y algunas sufrieron. Nada de leer a Faulkner ni a Fitzgerald ni a Lowry, que se emborrachaban, y el tercero estuvo a punto de matar a su mujer en un delirio; ni a Neruda ni a Alberti, que escribieron loas a Stalin, ni a García Márquez, que alabó hasta lo indecible a un tirano; no digamos a Céline, Drieu la Rochelle, Hamsun y Heidegger, pronazis; tampoco a Stevenson, que de joven anduvo con maleantes, ni a Genet, que pagaba a chaperos, ni a nadie que fuera de putas. Ojo con Flaubert, que fue juzgado, y con Cervantes y Wilde, que pasaron por la cárcel; Mann se portó mal con su mujer y espiaba a jovencitos, y no hablemos de los cantantes de rock, probablemente ninguno cumpliría con el “comportamiento íntegro” que exigen el pseudocrítico Cousins y las legiones de policías de la virtud que hoy lo azuzan y lo amparan.

Ya es hora de que toda esta corriente reconozca su verdadero rostro: se trata de gente que detesta el arte y a los artistas, que quisiera suprimirlos o dictarles obras dóciles y mansas, y además conductas personales sin tacha, según su moral particular y severa. Es exactamente lo que les exigieron el nazismo y el stalinismo, bajo los cuales toda la gente de valía acabó exiliada, en un gulag o asesinada, lo mismo que Machado y Lorca en España. No a otra cosa que a la represión y la persecución está dando su consentimiento esta corriente de inquisidores vocacionales. Al menos mi abuela Lola no ejercía el proselitismo, ni intentaba imponer nada a nadie.

El País, 28 de Abril de 2018

quinta-feira, 8 de março de 2018


MARLENE

Quando Marlene entrou em coma,
tudo na casa adoeceu.

Quando Marlene entrou em coma,
tudo na casa adoeceu.
Os sintomas, pela cozinha,
começavam: gordura podre
cobrindo os pratos e o balcão.

começavam: gordura podre
cobrindo os pratos e o balcão,
xícaras sujas e vazias
de café, formigas em festa
faziam piquenique sobre o açúcar.

de café, formigas em festa
faziam piquenique sobre o açúcar.
No mais, toda a casa fedia,
como ferida gangrenada,
infectando quarto por quarto.

como ferida gangrenada,
infectando quarto por quarto.
Nos jarros da sala, as flores,
cabeças pendidas, seriam
corpos de bebês enforcados.

cabeças pendidas, seriam
corpos de bebês enforcados.
Mas, lá, nas fotos das paredes,
nada mudou, como se os mortos
não tivessem nada com isso.

nada mudou, como se os mortos
não tivessem nada com isso.
Doente, também, o terraço:
folhas secas, sacos de plástico,
levados por ventos da rua.

folhas secas, sacos de plástico,
levados por ventos da rua.
Ceifou, o coma de Marlene,
até as plantas mais longevas
do mirradíssimo jardim.

até as plantas mais longevas
do mirradíssimo jardim.
Marlene nasceu nessa casa,
sobrevivendo a pais e irmãos,
hoje, talvez, parta sozinha.

sobrevivendo a pais e irmãos,
hoje, talvez, parta sozinha.
Com seus pianíssimos dedos
tocava Mozart: mesmo enferma,
o Banco levou-lhe o piano.

tocava Mozart: mesmo enferma,
o Banco levou-lhe o piano.
Caso desperte de seu coma,
Marlene vai querer saber
quem destruiu sua casa.

Marlene vai querer saber
quem destruiu sua casa.

– Alberto da Cunha Melo


quinta-feira, 14 de dezembro de 2017

quarta-feira, 1 de novembro de 2017



"Assim sofria e me torturava, acusando a mim mesmo com mais dureza do que nunca, revirando-me e debatendo-me para romper definitivamente o laço que já me prendia apenas por um fio; mas ainda me prendia. E tu me pressionavas por dentro, Senhor, com misericórdia severa, alternando os flagelos do medo e da vergonha, para que não desistisse de novo e não deixasse de romper aquele laço exíguo e tênue que ainda restara, e ele não voltasse a se fortalecer e a me prender com maior força. Pois eu dizia dentro de mim: "Agora vai acontecer, agora vai", e já ia me dispondo conforme minhas palavras. E quase me decidia, e não me decidia, porém não recaía na situação anterior, ficava perto e retomava o fôlego. Voltava a tentar e por pouco não chegava lá e por pouco, já, já, não alcançava nem conseguia, hesitando em morrer para a morte e em viver para a vida, e dentro de mim o que era pior, porém familiar, tinha mais força do que o melhor, mas insólito, e aquele preciso instante em que algo novo aconteceria, quanto mais se aproximava, tanto mais me despertava repulsa; mas não recuava nem me esquivava, apenas permanecia em suspenso."

Confissões, Santo Agostinho

terça-feira, 26 de setembro de 2017

Sobre o livro "Cinefilia" de Antoine De Baecque



Por Bruno Andrade


(os comentários a seguir foram originalmente publicados aqui)

É necessário, antes, lembrar que o De Baecque já havia tentado (rascunhado, truncado, falhado) uma história dos Cahiers nos dois tomos Histoire d'une révue - o primeiro ia de 51 a 59, o segundo de 59 a 81 -, provocando reações virulentas entre vários redatores antigos da revista. O Rohmer em particular chegou a contestar publicamente o trabalho do De Baecque. E com toda a razão, em vista dos mitos e invenções que mesmo hoje ainda rondam o trabalho editorial que ele fez com o Doniol-Valcroze e o Douchet - sem dúvida alguma para quem conhece a história dos Cahiers a melhor editoria que a revista teve e que, ao contrário de um dos mitos que ainda perduram, nada teve a ver com a entrada do macmahonismo ou de um pensamento estético "à direita" na revista, exemplo típico de desinformação fundada em pura ignorância -, clichês vagos e procedentes de imprecisões que o De Baecque não fez que repetir no Histoire, e parcialmente - ou atenuadamente pelo menos, visto que a pesquisa que fez desta vez foi muito mais profunda e precisa - no Cinefilia.

Aproveito a menção para começar a discutir os deméritos que vi no livro: excessos sempre houveram na história dos Cahiers, desde o início, e é possível que ainda mais nas editorias que seguiram as do Rohmer - Rivette, Narboni-Comolli etc.; em textos como os que Fieschi, Jacques Bontemps, Labarthe ou Luc Moullet escreveram entre 65 a 68 -, mas o De Baecque mais uma vez centra suas observações à versão já historicizada, legitimada, de que os excessos questionáveis e realmente dignos de intervenção se restringem principalmente à abertura intelectual (porém vigilante, muito mais que a do Rivette ou dos que os seguiram) permitida pelo Rohmer entre 59 e 62-63. Então, além de parcial e desonesto, eu diria também que é tendencioso, ainda mais para um trabalho feito por um "historiador", na realidade feito para legitimar a visão intelectualmente correta (mais para "corrigida") de que os Cahiers se corrigiram e seguiram se corrigindo, policiados, dos seus excessos políticos a partir da entrada do Rivette na revista e da 'politização' que se intensifica depois de 66 e 67 (como se a revista que criou a POLÍTICA dos autores e tinha nas suas páginas Pierre Kast e Louis Marcorelles, além de Godard e o próprio Rivette, fosse 'despolitizada' antes da intervenção rivettiana). Não sei se, lendo o livro, a pessoa que não conhece os Cahiers amarelos tem a real noção do que a revista de fato foi no início dos anos 60, único momento em que se viu a intransigência inicial dos jovens turcos aliada à grandeza de espírito do Rohmer, que admitiu no interior da revista uma multitude de formas e enfoques válidos (para ter uma boa noção da filosofia da revista nesse momento, recomendo as leituras dos textos centrais do Jean Douchet, A Arte de Amar, e do Rohmer, O Gosto da Beleza).

Parcial: em basicamente toda a cronologia que ele fornece, do surgimento da cinefilia aos seus desenvolvimentos inusitados nos anos 50, ele centra essa "história da cinefilia" quase que integralmente nas figuras, sem dúvida alguma estimáveis e em alguns casos inestimáveis, daqueles que passaram pelas revistas e pelos semanários, o que de forma alguma dá a real noção dos papéis exercidos nessa história por algumas de suas figuras mais verdadeiramente atuantes. Pergunta: e quantos aos Cineclubes, os programadores, os cineclubistas? Quase nenhuma, em alguns casos até mesmo nenhuma, ou ainda nada mais que uma rápida menção a Philippe Demonsablon, Gérard Legrand (tão bom ou até melhor que o Tailleur dentre os redatores da Positif), Dominique Rabourdin, Jacques Goimard, Michel Fabre, Pierre Maginot, Georges Richard, Simon Mizrahi, Jean-Claude Missiaen, Pierre-Richard Bré, Barbet Schroeder, Jean-Loup Passek, Pierre Cottrell, Yves Boisset, Patrick Deval, François Weyergans, Jean-Pierre Coursodon, Jean-Claude Romer, Jacques Siclier, Patrick Brion, Jean-Louis Cheray, Pierre Guinle, Gérard Guégan, Jean Collet, Michel Caën, Jean Rollin, Claude-Jean Philippe etc. (não lembro o quanto ele fala ou não do Bernard Eisenchitz ou do Henri Agel, este último professor do Serge Daney, do Louis Skorecki, do Biette, "pai cultural" do Jean-Claude Guiguet, em suma uma das influências mais significativas de alguns dos críticos mais importantes saídos da França nos últimos 50 anos; se não fala é mais uma omissão gravíssima, e se fala pouco é uma opção infeliz) e, no caso dos Cineclubes, às atividades do Studio-Action République, do Nickel-Odéon, da Midi Minuit Fantastique (revista com intensas atividades cineclubistas)... Não lembro se ele chega a falar do Studio Parnasse ou do Ciné-club du Louvre, o que é também um péssimo sinal. (Lembrando que, para além do recorte obrigatoriamente adotado por questões práticas pelo De Baecque, tudo isso que eu citei acima não ocorre apenas em Paris e paralelamente ou transversalmente você localiza na Itália, em Portugal, na Espanha, na Inglaterra etc. trabalhos igualmente imprescindíveis como os do Adriano Aprà, Freddy Buache, João Bénard da Costa, José Luis Guarner, Miguel Marías, V.F. Perkins, Kevin Bronwlow, Peter von Bagh e certamente mais uma porrada.) Uma coisa que particularmente não entendo é o sujeito passar umas dez páginas falando do trabalho do Bernard Dort no meio dessa "grande história da cinefilia" e despachar o macmahonismo, um movimento que está na origem - 1951 - da atuação dos jovens turcos e de toda essa efervescência cinefílica que em poucos anos tomará Paris, além de ter uma importância considerável na história crítica e estética dos Cahiers, em pouco mais de três páginas. Isso realmente está além das minhas capacidades.

O que me traz à questão da desonestidade. Realmente acho que há apenas duas opções de julgamento para a leitura feita pelo De Baecque do texto do Lourcelles sobre Fuller: ou você considera aquilo um equívoco completo ou, no caso dele ter de fato lido o texto, acha aquilo desprezível. "Exaltação viril da figura do herói em Fuller"... Sinceramente: ele sequer leu o texto, para início de conversa, ou nem mesmo passou do título que cita Borges e do qual Lourcelles extrai principalmente a noção de traidor para discutir a obra do Fuller? De Baecque não estaria confundindo oportunamente as prosas do Mourlet ou de um Serguine à de um Lourcelles, nesse equívoco que dura há horas e que faz com que se considere o macmahonismo como algo próximo de uma doutrina, uma corrente uniforme de pontos-de-vista unívocos, imutáveis e inequivocadamente alinhados ao invés do mais alto grau de uma expressão da paixão indolente e intransigente que está na base de qualquer cinefilia digna do nome? Não estaria De Baecque apenas prolongando, como vários redatores das gerações que sucederam a editoria Rohmer-Douchet, a confusão que faz com que se rechace um dos capítulos mais importantes da história da crítica cinematográfica, e que acontece não nas páginas dos Cahiers mas nas da Présence du Cinéma (e que, até por isso, talvez merecesse um pouquinho mais que três páginas)? Essa oposição instigada pelo De Baecque das visões dos Cahiers e da Présence sobre um mesmo cineasta crucial para as duas revistas só não é mais falsa que inexistente: qualquer pessoa que leu atentamente o texto do Lourcelles conclui que o que ele escreve sobre Merrill's Marauders e A Lei dos Marginais problematiza e prolonga as questões levantadas pelo texto do Moullet, especificamente na questão da modernidade no cinema do Fuller e na relação dessa modernidade evidente com o resto do cinema americano. São textos muito mais convergentes que divergentes, e a principal diferença entre os dois é que um foi escrito em 59, com a visão que era possível de se ter do cinema do Fuller até então, e o outro em 64 com uma perspectiva arejada por filmes como A Lei dos Marginais e principalmente Merrill's Marauders (que antecede e anuncia, vale lembrar, Agonia e Glória, desdobramento último, terminal da porção da obra do Fuller comentada por Moullet e Lourcelles). Uma diferença que o De Baecque não chega a desenvolver ou sequer aventar, e que entretanto não é nem um pouco negligenciável.

Mas nem foi isso o que mais me incomodou dentre o que eu vi como desonestidade no livro. O que realmente me deixou negativamente surpreso foi a síntese que ele encontrou para a sobrevida ou a consciência aguda da cinefilia após a "queda" desta nos idos de 68. Essa eleição do Daney como figura intransponível da melancolia cinefílica (que na história recente dos Cahiers dá-se na forma de um endeusamento que chega em alguns momentos a assumir a forma incômoda e desnecessária de uma necrologia) não só é caduca como falsa. COMO o sujeito faz uma súmula dessa consciência do impasse ao qual a cinefilia se encaminhou a partir dos anos 60 sem mencionar extensamente um texto que se chama, justamente, Contra a Nova Cinefilia, cuja autoria não é de Serge Daney mas sim de Louis Skorecki? Como o sujeito faz uma pesquisa tão complexa, que teve acesso privilegiado a documentos inéditos ou de acesso restritíssimo, e conclui o livro sobre a reflexão específica de um crítico sem mencionar que essa reflexão teve origem nas idéias de um texto escrito não por ele mas por um de seus colegas, um dos que ele mais foi próximo? (Não coincidentemente Skorecki deixou o Cahiers pelo Libération na mesma época que o Daney, acho que inclusive antes, e começou a escrever sobre TV antes do Daney.) Não só Skorecki mas também Jean-Claude Biette, Guiguet (que não escreveu para os Cahiers mas que fez muito desse mesmo trabalho de continuidade e problematização da herança cinefílica), Michel Marmin; os textos que Skorecki e Daney escreveram no Libération sobre as reapresentações de filmes clássicos (continuação de um trabalho iniciado na realidade pelo próprio Skorecki e por Biette nos Cahiers ainda nos anos 70, por sinal); os textos seminais que o Biette escreveu nas seções Les fantômes du permanent e Cinéma-chroniques nos Cahiers, que ecoam e muitas vezes respondem provocantemente várias das questões levantadas por Daney e Skorecki à época, de uma maneira muitas vezes ainda mais instigante que o Daney, um material que é freqüentemente tão bom ou até melhor que o que Daney produzia na época; ou ainda esses loucos prospectores do tipo Pierre Rissient, Simon Mizrahi, que peregrinaram a Ásia e a Itália atrás dos jovens cineastas ou das descobertas tardias, que não escrevem ou escrevem muito pouco; a história da famosa sessão organizada pelo Paulo Branco no Action République do Amor de Perdição à qual se deve a consagração definitiva do Oliveira na França; toda uma série de episódios os quais conheço ou ouvi falar. Isso me parece apenas má-fé mesmo, vontade de agradar os caciques (Aumont, Toubiana, Bergala, Bonitzer, não por acaso acionistas da revista e sujeitos que, mesmo que se admire o que eles escrevem, têm uma relação muito problemática com a história da mesma e com certas figuras como Skorecki e Biette), de fazer revisionismo, de terminar com uma "biografia autorizada" ao invés do extenso trabalho de historiador que poderia ter sido. O capítulo da cinefilia após 68 é de longe a maior furada desse livro cheio de furadas, mais pela ausência de um comentário que fosse sobre o texto do Skorecki ou os do Biette que por todas as outras coisas que citei.

Para tomar conhecimento de algumas das coisas que o De Baecque flagrantemente deixou passar, recomendo as leituras de Mes Voyages en Cinéphilie do Michel Mourlet; a mítica tese de mestrado da Geneviève Puertas (la Cinéphilie à Paris 1954-1966); a entrevista que o Skorecki deu pros Inrockuptibles e que se encontra online; o blog do Patrick Brion; um texto, acho que do Claude Beylie, sobre MacMahonismo que tem em .pdf; uma entrevista que o Rohmer deu para os Inrockuptibles em 5 de junho de 1996; e, principalmente, o Contra a Nova Cinefilia, que se acha com facilidade na web.

Em suma: fora essa sensação que o livro acaba passando no seu recorte 51-68, de que 'enquanto os anos avançaram a coisa mudou porque era necessariamente melhor assim', essa passividade típica da geração que veio na cola dos Aumont, dos Toubiana e dos Bonitzer, sensação profundamente enganosa, eu diria que dentro do trabalho que o De Baecque teve a chance de fazer o livro não chega a corresponder nem a 40% do que poderia ter sido. Sério candidato ao título de leitura mais decepcionante de 2011.